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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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vecinos increpan a la guardia civil que protegía a Acebes y PiquéIgual que los narcos intentan blanquear el dinero producto de sus fechorías la mayoría de los dirigentes catalanistas suelen blanquear sus verdaderas ideas, y suelen sostener con el desparpajo que les da la impunidad lo contrario de lo que piensan. En plena precampaña electoral el socialista Montilla, el frustrado conseguidor mercenario del gran capital catalán, se disfraza de humilde inmigrante andaluz para prometer el oro y el moro, con perdón por lo del moro, si consigue salirse con la suya y logra salir elegido para la feliz gobernación de la Generalidad. Y promete no meternos mano en la cartera, e incluso, hasta ser solidarios, al menos...un poquito.

Y con mañas de Polichinela, ante la galería bienpensante que lee la prensa gubernamental amenaza con expulsar a los cachorros más aventajados de su partido que han asomado demasiado la patita totalitaria y violenta con ocasión, por ejemplo, del último intento de agresión a Acebes y Piqué. Otro escándalo más que indica en nivel de degradación cívica y constitucional que aflige a España y Cataluña.

Pero si la actual deriva violenta del nacionalismo es semejante en el País Vasco que en Cataluña, y quizás pronto lo sea también aquí en la Galicia del bicéfalo, lo del nacionalismo catalán tanto bajo su primera marca, cuanto con la segunda “socialista” por mucho que la quiera disimular el charnego Montilla, de progre... nada. Y de ser republicano, sería bananero. Su origen es tan cavernícola como el del colega y cómplice vasco. Y el teórico del nacionalismo catalán Prat de la Riba no tiene nada que envidiar al beato racista Sabino Arana. Así cuando el pío abogado catalán atufa en su conocido catecismo catalanista con perlas como la que hace de la patria catalana no obra de los hombres sino fruto de las leyes a que Dios ha sujeto la vida de las generaciones humanas. Y cuyo enemigo es el Estado español. Pues degenera el carácter catalán con sus vicios: el espíritu de la rutina, el utilitarismo más desenfrenado, el individualismo y el flamenquismo. Es decir, racismo y clericalismo fachoso camuflado de falsa ciudadanía catalana. Pero aunque Montilla se disfrace y haga méritos, en realidad no es de pura raza catalana, sino otro flamenquista más degenerador del genuino carácter catalán con los vicios españoles encarnados por los malvados Piqué y Acebes.

Sancho y los bandoleros colgadosEl Estatuto sedicioso que ZP, Montilla y sus cómplices catalanistas pura raza han aprobado con la mansedumbre silenciosa de un pueblo acostumbrado a obedecer servilmente al que manda, tiene su precedente histórico en las llamadas Bases de Manresa de 1892. La diferencia es que entonces a Prat de la Riba y sus monaguillos nadie decente les hacía caso. Y ahora son falsos socialistas y falsos republicanos, ambos renegados de la Razón y de la Ilustración, quienes abanderan el integrismo despótico catalanista engañando a la gente al disfrazarlo de “socialismo” o “ciudadanía”.

A los ideólogos de la nueva asignatura socialista de educación para la ciudadanía les ofrezco esta joya del visionario Cervantes en El Quijote: “no tienes de qué tener miedo, porque estos píes y piernas que tientas y no ves, sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados, que por aquí los suele ahorcar la justicia, cuando los coge, de veinte en veinte y de treinta en treinta, por donde me doy a entender que debo estar cerca de Barcelona”.

En el nuevo Estatuto ya se intenta que la justicia no los coja, que para eso se quiere hacer “cien por cien catalana”. Aunque para buscar a los bandoleros y forajidos ahora, a diferencia de los tiempos cervantinos, no hay que irse a las montañas que rodean la hermosa ciudad mediterránea, sino que basta con andar cerca de San Jaime. Antes estaban fuera, la modernidad es que ahora estén dentro. Y es que detrás del nacionalismo se encubre siempre la demagogia, el despotismo y la cleptocracia.