|
{jgibox title:=[INDICE (clic para ver)] style:=[width:430px;]}
{/jgibox}
LA DERROTA DE ETA
El primer elemento que
creo que hay que tener en cuenta para valorar la situación
actual es que ésta se encuentra muy alejada de la que se
configuró como resultado de la política antiterrorista
diseñada y aplicada en el marco del «Acuerdo por las
libertades y contra el terrorismo». Para entenderlo, hemos de
situarnos en el marco del ciclo de la actividad terrorista posterior
a la «tregua indefinida» declarada en 1998 y rota un año
más tarde; es decir, del ciclo que discurre entre el año
2000 y el momento actual. Como refleja el gráfico 1, ese ciclo
se inicia con un relativamente bajo nivel de actividad durante el
primer semestre de 2000, para intensificarse poderosamente durante el verano y el otoño
de ese mismo año. A esta demostración inicial de fuerza
sigue, desde 2001 y durante casi tres años, una reducción
paulatina de los atentados, singularmente los asesinatos, y, con
algún retardo, de las acciones de terrorismo callejero. De
esta manera, a partir del tercer trimestre de 2003 dejan de
registrarse crímenes con resultado de muerte y los atentados
cesan durante los seis primeros meses del año siguiente. En
ese momento, la situación es tal que apenas tiene precedentes,
de manera que, como ha señalado Florencio Domínguez,
«hay que retroceder hasta 1971 para encontrar un año con
menos atentados que en 2003 o en 2004, y hasta 1972 para encontrar
menos asesinatos»(1).
Sin embargo, es a partir de entonces, cuando, después de los
ataques del 11-M, las elecciones generales conducen al inesperado
triunfo del partido socialista, se entra en un nuevo ciclo ascendente
en el que, con irregularidad, se aprecia una tendencia al incremento
en el número de atentados -aunque, por lo general, sus
consecuencias, medidas por su afectación a las personas
heridas o por la magnitud de sus destrucciones materiales, sean de
una gravedad menor- y en el de actos de violencia urbana.
Gráfico 1: Actividad terrorista de ETA, 20002007
(Datos trimestrales)
{jgxtimg src:=[images/stories/buesa_alto_fuego_eta/grafico_1.jpg] width:=[320]}
La
explicación de este ciclo terrorista en el que se plasma la
progresiva incapacidad de ETA para hacer valer sus pretensiones
políticas hay que establecerla en la efectividad de la
política antiterrorista que, después de un cierto
desconcierto inicial, se puso en funcionamiento por parte del
Gobierno que, en aquél momento, presidía Aznar. Una
política que encontró el respaldo de la oposición
socialista y que se plasmó en el «Acuerdo por las
libertades y contra el terrorismo». El documento, suscrito por
el PP y el PSOE el 8 de diciembre de 2000, negaba cualquier atisbo de
legitimidad al terrorismo y afirmaba la voluntad de impedir que, de
él, pudieran derivarse ventajas o réditos políticos,
y concluía con la expresión de la voluntad de ambos
partidos para desarrollar su política con el «objetivo
de erradicar la lacra del terrorismo». Esa política que
abarcaba los ámbitos de la actuación policial, el
sistema penal, el régimen penitenciario, la cooperación
internacional, el reconocimiento social a las víctimas del
terrorismo y la movilización ciudadana implicó,
entre otras medidas, la extensión de las actuaciones
judiciales hacia las organizaciones del entorno de ETA como las
herrico tabernas, las Gestoras Proamnistía, KAS,
Jarrai o Egunkaria la modificación del Código
penal para endurecer el tratamiento del terrorismo callejero, elevar
el límite del cumplimiento de las penas y reordenar el cómputo
de los beneficios penitenciarios, la regulación del bloqueo de
las operaciones financieras relacionadas con el terrorismo, la
inclusión de ETA y Batasuna en las listas europea y
norteamericana de organizaciones terroristas, y la promulgación
de una ley de partidos políticos que posibilitó la
disolución de Batasuna y su exclusión de los procesos
electorales.
Los efectos de todas
estas medidas no se hicieron esperar. Desde la ruptura de la tregua
en 2000 hasta el mes de enero de 2007, tal como expresa el gráfico
2,
Gráfico 2: Detenciones de terroristas y colaboradores de ETA, 20002007
(Datos trimestrales)
{jgxtimg src:=[images/stories/buesa_alto_fuego_eta/grafico_2.jpg] width:=[320]}
los servicios policiales han efectuado 1.034 detenciones de
terroristas o de colaboradores de ETA, de las cuales 623 han tenido
lugar en España, 295 en el extranjero sobre todo en
Francia y 116 corresponden a etarras que han sido extraditados o
entregados a las autoridades españolas por las de otros
países. Esta importante actividad policial, más allá
de su carácter cíclico, muestra una tendencia
ascendente hasta el primer trimestre de 2002, se estabiliza después
hasta llegar al final de 2004 y, durante 2005 y 2006, experimenta un
descenso muy acusado, de manera que casi sólo ha podido
mantenerse gracias a la aportación exterior. No obstante, en
enero de 2007 esta tendencia parece haber revertido.
Pero, más allá
de su trayectoria temporal, ha de señalarse que hasta 2004 la
actividad policial fue muy eficaz, de manera que casi el 60 por 100
de los grupos desarticulados por las fuerzas de seguridad «fueron
desmantelados cuando no habían cometido ningún atentado
o cuando sólo habían perpetrado una acción
terrorista»(2).
Ello, a su vez, implicó que la vida útil de esos grupos
de terroristas descendiera drásticamente hasta poco más
de siete meses en promedio, cuando unos años antes superaba
normalmente los dos años y medio (3).
Y supuso el ingreso en prisión del 65,5 por 100 de los
detenidos y la fijación de fianzas o medidas cautelares para
el 16,9 por 100 de ellos, que así pudieron mantenerse
provisionalmente en libertad.
Por otra parte, la
persecución judicial de las organizaciones del entorno de ETA
y, singularmente, la ilegalización de Batasuna instada
mediante una resolución del Congreso de los Diputados aprobada
el 26 de agosto de 2002 supuso un vuelco en la capacidad económica
y logística de ETA, así como en su influencia política.
Para hacerse una idea del primero de estos aspectos, baste señalar
que, durante la década inmediatamente anterior a ese
acontecimiento, Batasuna había estado percibiendo 1,7 millones
de anuales en forma de subvenciones a partidos políticos y
grupos municipales; asimismo, su influencia le había permitido
lograr que las diferentes administraciones del País Vasco
concedieran cerca de nueve millones de al año a las
organizaciones de su entorno; y, desde 2000, había desviado
2,3 millones de anuales de los presupuestos de los ayuntamientos
en los que ejercía el poder municipal a la financiación
de actividades terroristas a través de UdalbiltzaKursaal.
En conjunto, la disponibilidad de recursos públicos por parte
de Batasuna y el grupo de entidades asociativas y mercantiles
vinculadas a ETA, ascendía a trece millones de anuales, lo
que venía a significar más de la mitad del total de la
financiación de la organización terrorista (4) .
Pues bien, con la
apertura de causas judiciales contra las referidas entidades ligadas
a ETA y con la ilegalización de Batasuna, todos esos recursos
económicos se desvanecieron. Asimismo, se dejó de
controlar medio centenar de ayuntamientos y, con ellos, un
presupuesto de casi doscientos millones de anuales; se perdieron
49 alcaldías, 891 concejalías y varios centenares de
puestos municipales retribuidos; se vieron clausurados y embargados
220 inmuebles propiedad de Batasuna, en los que ejercía su
actividad política y ayudaba a la logística del
terrorismo; y se tuvo que prescindir de la plantilla de liberados que
trabajaban para el partido. Todo ello acabó por reflejarse
rápidamente en una reducción muy notable del nivel de
adhesión política de la población vasca a la
causa del terrorismo. En efecto, tal como se muestra en el gráfico
3, la imagen positiva de los militantes de ETA expresada en
opiniones que los califican como «patriotas» o
«idealistas», que en 1999 se extendía entre
casi la mitad de la población adulta del País Vasco,
roza la cuarta parte en los cuatro últimos años. A su
vez, la proporción de los que pueden considerarse como
«extremistas» por su actitud de adhesión a ETA a
la que prestan un «apoyo total» o una «justificación
crítica», que en la fecha referida llegaba al 11 por
100, se sitúa desde 2002 en el dos o tres por cien, aunque se
ha elevado hasta el cuatro por cien en el sondeo más reciente.
Y, por último, la
justificación de la violencia en las condiciones específicas
del País Vasco, que llegó a ser defendida por el 18 por
cien de dicha población en el año 2002, ha caído
hasta el dos o tres por cien en el momento actual.
{jgxtimg src:=[images/stories/buesa_alto_fuego_eta/grafico_3.jpg] width:=[320]}
Finalmente, entre los
efectos de la política antiterrorista hay que anotar también,
como más adelante se verá, la formación de una
poderosa corriente de opinión pública en la sociedad
española, que se muestra mayoritariamente contraria a que el
Gobierno entre en la negociación de las pretensiones políticas
de ETA, lo que no obsta para que acepte que, entre ambos, haya algún
tipo de conversaciones que conduzcan al final del terrorismo.
En resumen, la política
desplegada en el marco del pacto antiterrorista entre el PP y el PSOE
se saldó con un éxito notable: ETA, que había
resurgido de sus cenizas tras la tregua de 1998 con un empuje
indudable, se situaba en el borde de la derrota. Como ha escrito
Ángeles Escrivá, «el Gobierno consiguió
acorralarla policial y políticamente, y, sobre todo, logró
derribar los persistentes tabúes instalados en la sociedad,
... (como) el mito del empate infinito entre ETA y el Estado
... y la convicción de que había que realizar cesiones
para deshacerlo».(5)
1 Cfr.
F. Domínguez (2005): ETA en Cataluña. De Terra
Lliure a Carod-Rovira, Temas de Hoy, Madrid, 2005, pág.
229.
2 Cfr. F. Domínguez (2005): ETA en Cataluña...,
op. cit. pág. 229. El cálculo se hace sobre los grupos
desmantelados entre 2000 y 2004.
3 Vid. sobre este aspecto, los cálculos efectuados por F.
Domínguez (2003): Las raíces del miedo. Euskadi,
una sociedad atemorizada, Aguilar, Madrid, 2003. Este autor
compara los períodos de actividad de los militantes de ETA
entre 1978 y 1992, con los correspondientes a los comandos
desarticulados entre 2000 y 2003.
4 He estudiado el detalle de todo esto en M.
Buesa (2006): Consecuencias económicas del terrorismo
nacionalista en el País Vasco,
Universidad Complutense, Instituto de Análisis Industrial y
Financiero, Documento de Trabajo, no 53, Madrid
[www.ucm.es/bucm/cee/iaif].
5 Cfr. A. Escrivá (2006): ETA.
El camino de vuelta, Seix Barral, Barcelona, pág. 395.
|