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El Arzobispo Fonseca y la catedral de Santiago
El primer golpe lo recibió nada menos que el arzobispo don Alonso de Fonseca. Consta, en efecto, que al poco tiempo de su llegada exigieron al Arzobispo la entrega inmediata de la fortaleza y templo catedralicios, obviando de esta forma sus grandes servicios a la causa isabelina. El motivo es bien conocido: porque desde ella se han fecho en los tiempos pasados, e se fazen de cada dia, muchas fuerças e robos e muertes, e otros delitos e males, de que así las personas eclesiásticas de las dichas como los vezinos e moradores de las cibdades e villas e comarcas resçiben intolerables fatigas e dapnos e males {jgtip text:=[AGS, Registro General del Sello, IX-1480, fol. 134.]} (55){/jgtip}. El Arzobispo se resistió a la demanda, que interpretó como una verdadera humillación; más aún cuando advirtió que, entre las fuerzas desplegadas por don Fernando Acuña, figuraban algunos de sus peores enemigos: don Pedro Álvarez de Sotomayor, que hasta pocos meses antes había acaudillado al bando portugués en Galicia, junto con el mariscal don Suero Gómez de Sotomayor, el conde de Altamira y don Diego de Andrade, que tan poco -o casi nada en realidad- habían aportado a la victoria de la causa de doña Isabel. Pese a todo, el Arzobispo comprendió al fin lo inútil de su resistencia; pero las palabras que Vasco de Aponte pone en su boca en tal ocasión son bien expresivas de la paradoja:
Criados míos, ahí veo estar a los deservidores del Rey, que conmigo y con vosotros quieren salvar sus cabezas. Nunca Dios tal quiera, saquemos buen partido y obedezcamos al Rey{jgtip text:=[Todos respondieron que fuese como su señoría mandaba, acordándose que el Arzobispo entregaría la Catedral, pero que conservaría las otras fortalezas suyas, así como todos los criados que hicieran cosas de su servicio. Véase, Relación..., pág. 144.]}(56){/jgtip}.
Los Reyes, mediante sus enviados, fueron especialmente magnánimos con el Arzobispo, como antes lo habían sido en otros sitios con todos los que se sometieron a su autoridad. En este caso con mucha mayor razón, pues a favor de Fonseca pesaron sus importantes servicios a la causa. Por eso, por todo, se apresuraron a apartar al personaje del conflictivo escenario gallego, promoviéndolo rápidamente a la presidencia del Consejo Real. Se trató, sin duda, de un altísimo honor y de una indiscutible muestra pública de la gratitud regia {jgbox linktext:=[(57)]}Aunque se ha supuesto muchas veces que la política de pacificación desplegada en estos años por los Reyes Católicos tuvo un cierto tinte antinobiliario, lo cierto es que su actitud frente a los nobles y grandes siguió siempre una misma tónica: a los que se entregaban, generosidad sin límites; a los que se resistían, la fuerza severa de la ley. Véase, E. PARDO DE GUEVARA Y VALDÉS, "El reinado de los Reyes Católicos...", págs. 884-885.{/jgbox}. Pero la maniobra tuvo sin duda su segunda intención; con Fonseca fuera del escenario, Acuña y Chinchilla se encontraron con el campo libre para proseguir con la labor de sometimiento y pacificación.
Hasta aquel momento, la fuerza de don Fernando de Acuña se había basado en las trescientas lanzas, todas a la jineta, que había traído de Castilla con el capitán Mudarra al frente, y el apoyo decisivo de las propias milicias populares de la Hermandad. A ellas se habían sumado también las gentes de armas de algunos señores y caballeros gallegos, cuya actitud parece responder más a sus particulares intereses, explicables siempre en el contexto del complicado juego de sus alianzas y rivalidades, que a su repentina identificación con la política desplegada por la corona. En cualquier caso, avalado ahora por su reciente triunfo, don Fernando de Acuña pudo contar también con una reacción general muy favorable. Hernando del Pulgar lo resume muy nítidamente, aunque acaso con un tanto de exageración:
...e como las gentes -escribe el cronista- conocieran que aquel caballero y el licenciado, sin temor de las amenazas que por los caballeros e tiranos eran fechas, e sin intereses ni aceptación de personas executaban la justicia, todos se juntaba con ellos cada que los llamaban... {jgtip text:=[Crónica de los Reyes Católicos, Cap. XCVIII, pág. 357.]}(58){/jgtip}
El derribo de las fortalezas: La Pena Frouseira
La ocasión era buena y el pretexto lo era todavía más; por eso, don Fernando de Acuña no tardó en ponerse en marcha. En primera instancia, como afirma Vasco de Aponte, se concertó con todos los señores que se quedaran las casas antiguas y los vasallos propios con todas las encomiendas y beetrías, y todos los criados que hicieran buenos hechos en cosas de crimen, y que los otros no, y que le entregasen luego las fortalezas novas para derrocarlas {jgbox linktext:=[(59)]}Relación..., pág. 144.Por lo que parece, el derrocamiento de estas fortalezas se planteó justo en estos términos. Un testigo del pleito Tavera-Fonseca, el escudero Ares Díaz de Páramo, lo recuerda con cierta precisión al declarar que Fernando de Acuña, Gobernador primero que deste reino fue, tomó todas las fortalezas o las más bellas deste reino por el Rey e las tuvo en su poder poniendo en ellas alcaides e que no hizo derribar ninguna de las fortalezas antiguas, salbo los castillos roqueros y torres y fortalezas que abían seido echas nuevamente e sin licencia del rey, de que se hacían robos e fuerças... Más adelante, este mismo testigo recuerda que las derrocadas lo fueron porque no mostravan liçencia que tobiesen del Rey para las tener e azer, ni mostraban antiguedad dellos como heran antiguas e que las fortalezas que mostravan licençia real o probaban antiguedad no las derribaban. Véase, A. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Las fortalezas de la mitra compostelana y los "irmandiños", colección "Galicia Histórica", La Coruña, 1984, vol. I, pág. 148.{/jgbox}. Se sabe, por lo demás, que Acuña y sus gentes, particularmente el capitán Mudarra, pasaron de inmediato a la acción, tomando y derrocando un gran número de fortalezas. El no siempre fiable Hernando del Pulgar precisa la cifra al señalar que se derribaron por todo el reino de Galicia quarenta y seis fortalezas {jgtip text:=[Crónica de los Reyes Católicos, Cap. XCVIII, pág. 357.]}(60){/jgtip}, lo que no parece exagerado; en realidad, la cifra -como en el caso de las que circulan en relación con el levantamiento irmandiño- podría resultar incluso escasa, sobre todo si se incluye en la cuenta todas las que fueron derrocadas en los años siguientes.
Y ciertamente, sumando las noticias que proporcionan las distintas fuentes, inevitablemente parciales, vagas y a veces contradictorias también, podría alcanzarse un número superior al medio centenar. Vasco de Aponte, por de pronto, recuerda que sólo a Pedro Álvarez de Sotomayor le derrocaron las de Cotobade, Santa María de Alba, la Trinidad, Tebra, Castro Maceira y acaso la de Picaraña, dejándole las de Sotomayor, Fornelos y Salvatierra{jgbox linktext:=[(61)]}Al cabo de un tiempo -un año y medio que don Fernando de Acuña estaba en Galicia- intentaron tomar al de Sotomayor la fortaleza de Fornelos, pero fracasaron en su intento y allí acabaron de morir todos los enemigos de la casa del conde de Camiña. Relación..., págs. 144-146.{/jgbox}, añadiendo que al conde de Altamira le tomaron, a su vez, las de Morgade y Venquerenza. Los
testigos del famoso pleito Tavera-Fonseca, por otra parte, amplían
esta escueta nómina al dar noticia de la toma y demolición
de otras fortalezas; entre ellas, además de la ya mencionada
de Sotomayor,
de Pedro Álvarez, que el arcediano de Camaçes
encontró ya medio arruinada, figuran las de Insoa
de Bea
y Lantaño,
de Suero Gómez de Sotomayor, Gondar,
de Pedro Ares de Aldao, Jallas,
de la mitra compostelana, Lema
y Castro
Leal,
de Martín Sánchez das Mariñas, Pico
do Seixo,
de Gómez Pérez das Mariñas, Mota
[de Ois] de Pedro Fernández de Andrade, Baldoña,
Muntán,
Obroço {jgbox linktext:=[(62)]}O
Broço,
en realidad, su propiedad se adjudica a Gómez Pérez
das Mariñas en F. LOJO PIÑEIRO, A
violencia na Galicia do século XV,
págs. 109-114. Pero, lo cierto es que, tras la muerte de este
personaje, pasó a manos de su yerno, don Diego de Andrade, a
quien le fue efectivamente derrocada por los oficiales reales.
Véase, A. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ,
Las fortalezas de la mitra compostelana...,
vol. II, pág. 345 o 416.{/jgbox},
Motrin
y Porras {jgbox linktext:=[(63)]}La propiedad de esta fortaleza, a la muerte de Gómez Pérez
das Mariñas, pasó también a manos de don Diego
de Andrade.{/jgbox},
de Diego de Andrade, Cillobre
y Proba
de Parga,
de Fernán Pérez Parragués, Guitiriz,
de Ares Vázquez de Parga, San
Martiño de Briao
[o Berao] y Villajoán,
de Fernán Ares de Saavedra, Támoga,
de Fernán Sanjurjo, Barreira
y Peña
de Cospeito,
de Álvaro González de Ribadeneira, Castro
de Oro
y Pena
Frouseira,
del mariscal Pardo de Cela, Ferreira
y
Castro
de Baleira,
de Pedro Bolaño, o de Lope Pérez de Moscoso y el conde
de Benavente respectivamente {jgbox linktext:=[(64)]}Así en F. LOJO PIÑEIRO, A
violencia na Galicia do século XV,
pág. 110. Sin embargo, un testigo del pleito Tavera-Fonseca,
Alonso López de Gaibor, adjudican la propiedad de estas dos
fortalezas a Pedro de Bolaño.Véase, A. RODRÍGUEZ
GONZÁLEZ,
Las fortalezas de la mitra compostelana...,
vol. II, pág. 487.{/jgbox},Toca,
del abad de Samos, Amarante,
de Ruy Fernández Noguerol, Villamarín
y Castro
Candeira,
de Lope Taboada, Caldelas
de Orzellón,
del conde de Monterrey, Formigueiro
y Pena
Corneira,
del conde de Ribadavia, Castelo
Ramiro,
de la Iglesia de Orense, así como las de Poncos,
Adregonde
o Gruinllo,
cuyos propietarios no identifican los testigos {jgbox linktext:=[(65)]}En esta relación, sin duda ilustrativa, se han incorporado
sólo las fortalezas que fueron derrocadas a partir de 1480;
es decir, tanto las que lo fueron durante el mandato de don Fernando
de Acuña, como las que lo fueron en los años
siguientes, especialmente tras el viaje de los Reyes Católicos
en 1486. En todos los casos, además, se han respetado las
grafías originales y, salvo alguna precisión
documentada, también la noticia relativa a su propietario.
Por lo que se refiere, en particular a la de Adregonde,
se la supone señoreada por el mariscal Pardo de Cela, aunque
aparentemente sin suficiente respaldo documental. Véase, F.
LOJO PIÑEIRO, A
violencia na Galicia do século XV,
págs. 109-114.{/jgbox}.
A esta nómina se han incorporado ocasionalmente también
las de Melide {jgbox linktext:=[(66)]}F. LOJO PIÑEIRO, A
violencia na Galicia do século XV,
pág. 111. Sin embargo, varios testigos del pleito
Tavera-Fonseca recuerdan que fue derrocada por los irmandiños.
Uno de ellos, Ruy Fernández de Lugo, precisa que
las dichas fortalezas de la Rocha fuerte y rocha Blanca y do Este y
de Mellid nunca después acá que fueron derrocadas se
llebantaron ni rehedificaron en ellas cosa ninguna y que estovieron
y an estado ansi caidas hasta aora.
Véase, A. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ,
Las fortalezas de la mitra compostelana...,
vol. I, pág. 52.{/jgbox},
Tapal
[de
Noia]
y
Castriçán,
de la mitra compostelana, Callobre,
de Pedro Ares de Aldao {jgbox linktext:=[(67)]}F.
LOJO PIÑEIRO, A
violencia na Galicia do século XV,
pág. 110. Sin embargo, un testigo del pleito Tavera-Fonseca,
el escudero Gonzalo de Cardeleiro, menciona a Callobre
que hera de Fernán Pérez Parragués;
parece, pues, tratarse de un error del escribano o una simple
lectura errónea del editor. Véase, A. RODRÍGUEZ
GONZÁLEZ,
Las fortalezas de la mitra compostelana...,
vol. II, pág. 382.{/jgbox}
Tenorio,
de Pedro Álvarez de Sotomayor {jgbox linktext:=[(68)]}F. LOJO PIÑEIRO, A
violencia na Galicia do século XV,
pág. 113. No obstante, los testigos del pleito
Tavera-Fonseca, que la mencionan en sus declaraciones, coinciden
todos en que fue derrocada por los irmandiños. Véase,
A. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ,
Las fortalezas de la mitra compostelana...,
vol. II, págs. 384, 404 y 409.{/jgbox},
Andeiro,
de Juan de Andeiro {jgbox linktext:=[(69)]}Sin embargo, el único testigo del pleito Tavera-Fonseca que
la menciona, Alfonso Mosqueira, precisa que fue derrocada por los
irmandiños. Véase,
A. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ,
Las fortalezas de la mitra compostelana...,
vol. II, pág. 426.{/jgbox},
Villalba,
de Diego de Andrade {jgbox linktext:=[(70)]}F.
LOJO PIÑEIRO, A
violencia na Galicia do século XV,
pág. 113. Sin embargo, el propio conde don Fernando de
Andrade se límita a recordar en su declaración que
esta fortaleza, junto con otras de su linaje, le fueron derrocadas a
su abuelo, Fernán Pérez, por los irmandiños, y
quel
dicho su abuelo y su padre las tornaron a mandar hazer a los
labradores y personas que las abían derrocado y que ansimismo
el dicho testigo tornó a labrar en la fortaleza de Villalba
por no quedar acabada.
Véase, A. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ,
Las fortalezas de la mitra compostelana...,
vol. I, pág. 98.{/jgbox}.
No
es fácil reconstruir el detalle de estos movimientos, como
tampoco la cronología y sucesión de los mismos. No
obstante, sí cabe vincular con este momento el cerco y derribo
de la Pena
Frouseira,
ya mencionada, sin duda la más famosa de las fortalezas
señoreadas por el mariscal Pardo de Cela. Esta apreciación,
que en su momento ya aventuró Villaamil y Castro {jgtip text:=["El mariscal Pardo de Cela", Galicia Histórica, I (1901), pág. 156.]}(71){/jgtip} y después el propio Mayán {jgtip text:=[El mariscal Pardo de Cela a la luz de la nueva documentación histórica, Vivero, 1962, pág. 56.]}(72){/jgtip},
se puede fundamentar muy bien ahora con lo que se recoge en el último
de los pedimentos de los procuradores gallegos que habían
concurrido a la mencionada Junta General de la Santa Hermandad,
reunida en Madrid -o Pinto- a fines de 1482. En el mismo, aquéllos
solicitaron a los Reyes que concedieran a Mondoñedo una feria
o mercado, justificando su petición en que la
cibdad de Villamayor de Mondonedo quedó muy despoblada con la
guerra que en el obispado de Mondonedo se hace y,
sobre todo, en que sus vecinos han servido bien en ella, después
de soportar grandes gastos en la campaña o conquista de
Pena Frosera {jgbox linktext:=[(73)]}El texto completo era como sigue: Otrosy
suplicamos a Vuestra Alteza porque la cibdad de Villa mayor de
Mondonedo quedó muy despoblada con la guerra que en el
obispado de Mondonedo se hace
[...] servido
bien los vecinos della e han fecho
[...]es
gastos en la
[...] de
Pena Frosera
[...]
mandar dar feria o mercado
[...]
a la dicha cibdad [...]
os
que viven en ella gozen dello para que se poble.
Véase, A. LÓPEZ FERREIRO, Fueros
municipales de Santiago..., pág. 719.{/jgbox}
Esta breve pero interesante anotación documental, que confirma la
ya conocida dureza y violencia de aquel cerco,{jgbox linktext:=[(74)]}En este sentido, cabe recordar el célebre apeo de 1540, donde se incluye la declaración de Ruy Pérez, clérigo
de Santiago de Foz, quien asienta haber vivido diez años en el monasterio de San Martín de Mondoñedo, manifestando que en él había un altar dedicado a Santa Catalina que
hizo hacer Mosior Mudarra, que tomó la Pena Frouseyra por Su Alteza.
Más adelante, precisa ya la noticia, indicando que el dicho altar de Santa Catalina y de San Blas, que hizo allí hacer el dicho Mosior Yuis Mudarra, capitán, y dexó y fundó que se dixesen en la dicha capilla y altar todos los lunes de cada mes una misa cantada, con su vigilia y responso, por las ánimas de ciertos que murieron y se enterraron allí, sobre el cerco de la dicha Frouseira. La dotación fue respaldada por el propio fundador con la entrega de
veynte y cuatro mill maravidís, los doce que dio al principio
y otros doce que dio al tiempo de su fallecimiento, que se traxeron
allí por su mandado.
Véase, E. CAL PARDO, "Pardo de Cela, la Frouxeira y una
cita", diario El
Progreso,
27 de febrero de 1979, págs. 3 y 8. También, E.
LENCE-SANTAR Y GUITIAN, El
mariscal Pardo de Cela y la Santa Hermandad,
Mondoñedo, 1930, pág. 40{/jgbox}
pone de manifiesto también la envergadura de la campaña
que por entonces se desató también contra el Mariscal
Pardo de Cela, a quien de poco podía servirle ya la carta
de seguro y amparo
que los Reyes habían despachado a su favor a comienzos del mes
noviembre de 1480 {jgbox linktext:=[(75)]}AGS, Registro
General del Sello,
XI-1480, fol. 57. Una transcripción en F. MAYÁN
FERNÁNDEZ, El
mariscal Pardo de Cela...,
págs. 54-55.{/jgbox}.
Es fácil imaginar, pese a todo lo dicho, que este nuevo golpe
de Acuña se diseñó inicialmente en los mismos
términos que el llevado a efecto poco antes ante la catedral
compostelana. Es decir, la reclamación de la fortaleza
primero, el acto de entrega después y, por fin, el
consiguiente sometimiento a la autoridad real. Pero la resistencia
del mariscal Pardo de Cela -debe suponerse también- hizo que
los acontecimientos se desarrollaran de una manera muy diferente,
aunque no es mucho lo que puede añadirse para precisarlos
debidamente. Se sabe tan sólo, siguiendo ahora a Diego de
Valera, que el cerco duró en torno a ocho meses, pues era
una fortaleza muy grande e muy fuerte,
y que fue costoso en vidas para ambos bandos; también, que el
Mariscal accedió por fin a entregarla, aunque no sin ciertas
condiciones, y que Acuña ordenó por último su
derribo {jgtip text:=[Crónica de los Reyes Católicos, Cap. XXXV, pág. 103.]}(76){/jgtip}.
Lo
seguro y lo más importante, por tanto, es la antecedente
precisión cronológica, que insiste una vez más
en alejar la realidad cierta que se puede extraer de los documentos y
crónicas de la desdibujada por la tradición, la leyenda
o el simple y sesgado interés de algunos autores. Esto es, que
en los meses centrales de 1482 el cerco y rendición de la Pena
Frouseira
era ya un hecho pasado, concluido incluso, mientras que la campaña
militar contra el mariscal Pardo de Cela estaba todavía muy
lejos de concluir.
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